El alimento, básico en la dieta egipcia, se ha convertido en un bien escaso ante la subida del precio en todo el mundo por la falta de trigo. Y la lucha por comparlo subvencionado es toda una lucha.
El fenómeno está afectando de manera especialmente grave a más del 40 por ciento de la población egipcia.
En este país, el pan subvencionado cuesta menos de 0,01 euros (28 pesos colombianos), mientras que precio del que no recibe subsidio es hasta 15 veces más alto.
Lo más grave es que la desesperación por conseguir una hogaza de pan subvencionado ya ha causado la muerte de unas 20 personas en las últimas semanas, en peleas y avalanchas cuando tratan de comprarlo mientras hacen fila.
“La gente está cada vez más tensa y enfadada”, le dice a EL TIEMPO Samir Yunes, empleado de la construcción. Yunes es padre de cuatro hijos y su sueldo es de 30 euros mensuales (unos 86 mil pesos colombianos). “No puedo dejar de comprar pan subvencionado, porque mi salario no me lo permite”, se queja.
Samia, una mujer de unos 50 años, denuncia que los propietarios de la panadería “les venden a sus amigos y conocidos” y descuidan al resto.
“El problema no es solo que la gente no respeta el orden en las colas, sino que para conseguir pan dependes mucho de la fuerza de tus músculos y de la relación que tengas con el vendedor”, agrega otro egipcio malhumorado.
El país del Nilo es la segunda potencia mundial importadora de trigo, y Estados Unidos es su mayor proveedor. El año pasado se produjeron 7,4 millones de toneladas de trigo y se importaron otros 7 millones de toneladas más.
Para solventar la crisis, el Ejecutivo ha tenido que aumentar en un 60 por ciento la subvención de la harina, lo que supone un costo para el Estado de 1.734 millones de euros anuales (casi 5 mil millones de pesos colombianos).
Pero el malestar crece y crece. Por eso hoy habrá una huelga general contra el alza de los precios de los alimentos bajo el eslogan de “Quédate en casa, no compres comida”.
Para el presidente Hosni Mubarak la crisis del pan se ha convertido en una bomba de tiempo peor que la del islamismo radical, pues golpea al grueso de un país donde más de 80 millones de personas viven bajo el umbral de pobreza, y dependen del pan subsidiado para subsistir.